Asma – ¿Qué es?

El asma es una enfermedad cada vez más frecuente entre los niños y los jóvenes. Se calcula que la padece el 5 por ciento de la población adulta y el 10 por ciento de los niños y adolescentes en países industrializados, y en muchos casos la enfermedad aparece como respuesta a determinados estímulos que producen alergia: polen, ácaros del polvo, partículas de la piel de gato y perro, humo, aire frío, ciertos alimentos o aditivos alimenticios. Se caracteriza por la aparición de episodios de dificultad respiratoria (crisis o ataques), generalmente asociados a otros síntomas como tos, pitidos al respirar y sensación de ahogo. Los síntomas varían según la edad.

De esta manera, en los niños prevalece principalmente la tos, en especial durante la noche, mientras que en los adultos los tres principales síntomas son rigidez en el pecho, silbidos y fatiga en la noche. En los últimos años se ha registrado una mayor prevalencia y un aumento progresivo de casos en niños y adolescentes, lo cual pone de manifiesto la necesidad de tomar medidas preventivas. La curación del asma solamente puede alcanzarse en algunos casos de asma alérgica o relacionada con el lugar de trabajo del paciente, siempre que se pueda evitar el agente causal.

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Autismo – Posibles Causas

El procesamiento de metal en niños afecta al riesgo de autismo

Según estudio de menores con Autismo registraron mayores niveles de plomo durante su desarrollo.

El procesamiento de los metales en el cuerpo de los niños afecta su riesgo de autismo, según un estudio difundido hoy por el Instituto Nacional de Ciencias de la Salud Ambiental (NIEHS, por su sigla en inglés) de EE.UU., que lo financió.

El trabajo, publicado también en la revista especializada Nature Communications y dirigido por Manish Arora, científico ambiental y dentista de la Escuela de Medicina Icahn en Nueva York, estudió a gemelos para controlar las influencias genéticas y los posibles contribuyentes ambientales al trastorno.

Los dientes de leche de niños con autismo contienen más plomo tóxico y menos de los nutrientes esenciales de zinc y manganeso, en comparación con los dientes de niños sin el trastorno neurológico.

Mediante el uso del láser para trazar los anillos de crecimiento en los dientes de leche generados durante diferentes períodos del desarrollo, los investigadores notaron que esta diferencia en la captación de metal entre los niños con y sin autismo fueron especialmente relevante durante los meses inmediatamente antes y después de su nacimiento.

Los menores con el trastorno neurológico registraron mayores niveles de plomo durante su desarrollo, con la mayor disparidad observada durante el período posterior al nacimiento. Estos niños obtuvieron una menor absorción de manganeso, tanto antes como después del nacimiento, además de niveles más bajos de zinc más temprano en el útero, aunque estos niveles aumentaron después del nacimiento.

«Creemos que el autismo comienza muy temprano, muy probablemente en el útero, y la investigación sugiere que nuestro ambiente puede aumentar el riesgo de un niño. Pero cuando estos son diagnosticados a los 3 o 4 años de edad, es difícil volver atrás y saber a qué estaban expuestas las madres «, aseguró la directora de la subdivisión de Genes, Medio Ambiente y Salud de NIEHS, Cindy Lawler.

Estos hallazgos se basaron en investigaciones previas que mostraron que la exposición a metales tóxicos, como el plomo, y las deficiencias de nutrientes esenciales, como el manganeso, pueden perjudicar el desarrollo cerebral mientras están en el útero o durante la primera infancia.

«A diferencia de los genes, nuestro medio ambiente está cambiando constantemente, y la respuesta de nuestro cuerpo a los factores de estrés ambiental no solo depende de cuánto estuvimos expuestos, sino a qué edad experimentamos esa exposición», agrega el jefe de la subdivisión de Exposición, Respuesta y Tecnología del NIEHS, David Balshaw.

Contaminación ambiental y sus efectos

Contaminación ambiental: así afecta la salud de nuestro cuerpo.

La insalubridad del medioambiente, como la polución del aire, del suelo y del agua, y la exposición a substancias químicas o a los rayos ultravioletas, provocan anualmente 12,6 millones de muertes, según dos nuevos estudios publicados por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

En el primer informe la conclusión principal es que un 23 % de la mortalidad mundial se puede atribuir a causas ambientales: 12,6 millones de muertos, la mayoría de los cuales podría evitarse.
De los 12,6 millones, 8,2 millones de personas mueren anualmente de causas relacionadas con la contaminación del aire (interior y exterior), incluido el tabaquismo pasivo.
“Si los países no toman medidas para que las poblaciones vivan y trabajen en un ambiente sano, millones de personas seguirán enfermando y muriendo prematuramente”, dijo en rueda de prensa María Neira, directora de Salud y Medio Ambiente de la OMS.
El informe recoge que a nivel mundial 1,7 millones de niños menores de cinco años mueren por las mismas razones: las condiciones insalubres del entorno, tales como la contaminación del aire en espacios cerrados y en el exterior, la exposición al humo de tabaco ajeno, la insalubridad del agua, la falta de saneamiento y la higiene inadecuada.
Cifras funestas. Los informes coinciden en que el grupo más vulnerable a morir por razones que guardan relación con el medioambiente son los menores de cinco y lo ha explicado en números.

  1. 570,000 niños fallecen como consecuencia de infecciones respiratorias (entre ellas las neumonías) causadas por la contaminación del aire en espacios cerrados y en el exterior y la exposición al humo de tabaco ajeno.
  2. 361,000 niños menores de cinco años fallecen a causa de enfermedades diarreicas debidas al acceso insuficiente a agua salubre, saneamiento e higiene.
  3. 270 000 niños fallecen en el transcurso del primer mes posterior al parto por diversas causas (entre ellas la prematuridad) que podrían prevenirse proporcionando acceso a agua potable y a instalaciones de saneamiento e higiene en los centros de salud, y reduciendo la contaminación del aire.
  4. 200,000 defunciones por paludismo de niños menores de cinco años podrían evitarse actuando sobre el medioambiente, por ejemplo, reduciendo el número de criaderos de mosquitos o cubriendo los depósitos de agua.

La OMS estima que “una mejor gestión del medioambiente” permitiría salvar la vida a 1,7 millones de niños menores de 5 años anualmente y de 4,9 millones de personas con edades entre los 50 y los 75 años.